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lunes, 9 de diciembre de 2013

Yo creo en el Creador del Universo

¿El Big-Bang implica un Creador?

Extraido de El Gran Diseño y Dios

Como vimos en el prólogo, el segundo problema que intenta resolver Hawking en su libro es la pregunta sobre qué pasó antes del Big-Bang. El 24 de Abril de 1992, se descubrió la evidencia de que el universo había partido en un Big-Bang. Una semana después, en “The Angeles Times” apareció una frase de Frederick Burnham, un historiador de la ciencia: “Estos descubrimientos, hacen que la idea de que Dios creó el universo sea una hipótesis más respetada hoy que en cualquier momento en los últimos cien años”. Hugh Ross, un astrofísico, ha escrito en forma muy persuasiva acerca de este tópico, y en su libro “The Creator and the Cosmos” dice lo siguiente: “Por definición, el tiempo es la dimensión en la que los fenómenos de causa y efecto existen. Si el tiempo empieza al mismo tiempo que el universo, como dice el teorema del espacio-tiempo, entonces la causa del universo debe ser alguna entidad operando en una dimensión temporal completamente independiente y pre-existente al tiempo en nuestro universo.
Esta conclusión es muy importante para entender qué es Dios y qué no es. Nos dice que el Creador es trascendente, actuando más allá de los límites dimensionales del universo. Nos dice que Dios no es el universo mismo, ni está contenido en el universo” O por ejemplo, este magistral párrafo en el libro de Leon Lederman, Premio Nobel de Física del año 1988, “The God Particle”: “En el instante del inicio, había un vacío—una curiosa forma de vacío—una nada que no contenía espacio, ni tiempo, ni materia, ni luz, ni sonido. Sin embargo, las leyes de la naturaleza estaban vigentes y este curioso vacío tenía un cierto potencial. Una historia lógicamente comienza en el inicio. Pero esta historia es del universo y desafortunadamente no hay información acerca del inicio mismo. Nada, ¡cero!. No sabemos nada del universo hasta que llega a la madura edad de un billón de un trillón de segundo—es decir, muy poco tiempo después de la creación del Big-Bang.
Cuando tú leas o escuches cualquier cosa acerca del origen del universo, alguien lo está inventando. Estamos en el mundo de la filosofía. Sólo Dios sabe que pasó en el mismo inicio”. Charles Townes, ganador del Nobel de Física en 1964, dice lo siguiente: “En mi visión, las cuestiones del origen parecen quedar sin respuesta si exploramos sólo desde un punto de vista científico. Por lo tanto, yo creo en la necesidad de una explicación religiosa o metafísica. Yo creo en el concepto de un Dios...” Vemos entonces algo bastante increíble: el universo tiene un inicio. Y esto es una fuerte prueba a favor de un Creador, una prueba que Hawking intenta destruir, al igual que la anterior prueba basada en el diseño.
Hawking versus Big-Bang
¿Cómo pretende Hawking resolver el problema del Big- Bang?. ¿Qué creó el universo?. En su libro, dedica solo una hoja a este problema y dice lo siguiente: “Si queremos crear un universo de la nada, este universo debe preservar la energía. Antes había energía cero, y ahora después de la creación debe haber energía cero. Por lo tanto, ya que la masa tiene energía positiva, ¿cómo se puede hacer que un universo tenga energía cero en total?.
Gracias a la fuerza de gravedad, ya que es atractiva, tiene energía total negativa, y con un buen equilibrio entre la energía de la masa y la energía negativa de la gravedad, la suma podría ser cero”. Hawking lo resume así: “Porque hay una ley como la gravedad, el universo puede y se va a crear de la nada...creación espontánea es la razón de por qué hay algo en vez de nada, por qué el universo existe, por qué nosotros existimos. No es necesario invocar a Dios...” Finalmente, pensaríamos, que la saga que empezó cuando Hawking demostró que el universo tenía que tener un inicio, se termina en este párrafo, donde finalmente plantea que encontró la forma de crear un universo de la nada sin un Dios.
Pero estudiemos el párrafo para entender a qué se refiere. Cuando habla de creación espontánea, se está refiriendo a lo que trató en los capítulos iniciales de mecánica cuántica. La mecánica cuántica predice algo mágico, de lo que ya hablamos en el inicio del capítulo “¿Necesitaba Stephen Hawking nuevas teorías para hacer a Dios innecesario?: en el espacio vacío, de la nada misma, se crean protones o electrones u otros tipos de partículas, y luego rápidamente desaparecen. Esto hace que el vacío en verdad sea un burbujeante abismo lleno de partículas, que los físicos llaman virtuales. El asunto es que estas partículas no surgen realmente de la nada. Tenemos ciertas condiciones básicas para que puedan surgir estas partículas virtuales: necesitamos que exista tiempo, espacio y que las leyes de la mecánica cuántica estén en pie.
Ahora, según la teoría del Big-Bang, antes del Big-Bang no hay tiempo, no hay espacio. No hay nada, pero la nada más profunda de todas. ¿Entonces dónde quiere Hawking que se cree espontáneamente este universo?. La generación espontánea de partículas requiere de un espacio. Si no hay espacio ni hay tiempo, ¿cómo se puede plantear que exista generación “espontánea”? ¿Puede ser que sin mencionarlo, está recurriendo a la idea de “inflación eterna”, es decir, que se refiera a un Universo Madre eterno, sin inicio ni final, que crea infinidad de universos paralelos y que uno de esos sería el nuestro?.
No es claro, Hawking no lo menciona y el problema es que en varios de sus trabajos anteriores ataca la idea de inflación eterna. La otra posibilidad es que esté pensando en su teoría “no-boundary”, donde el tiempo en el Big-Bang mismo no existe, es todo sólo espacio, sin tiempo, y luego el tiempo se “crea” repentinamente (aunque todas estas palabras impliquen tiempo). Es decir, puede ser que se esté refiriendo a que había espacio y ese espacio tenía ciertas leyes y luego variaciones cuánticas generaron el tiempo..., pero, la verdad es que si se está refiriendo a eso, se requiere de su parte una explicación más completa que solo una página escrita en font número 14 de un libro de divulgación para argumentar algo así e intentar hacerlo entendible.
En cualquiera de estos dos escenarios, ¿responde eso acaso a la pregunta de por qué existe algo y no nada?. Ni de cerca. A lo más lo que logra hacer es decir que el universo más básico, más original, es eterno. Y este universo eterno genera el nuestro e infinidad de otros. O que al principio había espacio sin tiempo, sin explicar por qué podría haber algo así. Incluso si Hawking en el futuro nos entrega una explicación más detallada de lo que quiere proponer, igual todo estaría basado en el hecho de que existe la gravedad, como el mismo dice: “porque hay una ley como la de gravedad, el universo puede y se creará a si mismo de la nada...”. Si la pregunta que quiere responder, como dice en su libro, es por qué hay algo y no nada. Entonces, ¿cómo responde esto a esa pregunta?.
Porque todavía debemos preguntar, ¿por qué hay una ley de gravedad?. O como vimos antes, ¿dónde está esa ley de la gravedad, si no hay espacio ni leyes naturales? No hay respuesta de Hawking a esta pregunta y como evidencia, sigue apuntando en la dirección de un Creador del universo. Lo que en realidad Hawking está intentando hacer, no es responder la pregunta que planteó sino otra. Y eso es lo que les quiero mostrar ahora. Su problema era distinto.
El 23 de Enero de 1983, en “The New York Times”, en el artículo “The Universe and Dr. Hawking”, dice lo siguiente: “En la teoría clásica de la relatividad general [...] el principio del universo tiene que ser una singularidad de densidad y curvatura del espacio-tiempo infinitas. En esas circunstancias dejarían de regir todas las leyes conocidas de la física [...] Parece muy razonable suponer que haya principios unificadores, de modo que todas las leyes sean parte de alguna ley mayor.” Es decir, le preocupa el hecho de que el Big-Bang sea un momento donde las leyes de la física conocida se rompen.
El hecho de que las leyes se rompan podría implicar que en ese momento, el origen del Big-Bang, no había leyes naturales y tendría que ingresar ahí un creador. Y con su teoría "no-boundary" boundary” lo que intenta hacer es que nunca existan esos infinitos, que el momento del Big-Bang no sea un momento de quiebre. Eso es todo—no resolver los problemas que plantea en su libro. Pero la verdad es que el problema de los infinitos en el momento del Big-Bang es un problema técnico que podría ser resuelto de muchas formas, y la teoría de cuerdas da otras soluciones a este problema.

Matias Libedinsky
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lunes, 7 de diciembre de 2009

el valor de la calidad

El valor de la calidad

El afán obsesivo por lo cuantitativo se ha convertido en una nota característica de nuestra época. Todo se mide y se pesa: el dinero, el tiempo, la distancia, las páginas de un libro, los años de una persona, los currículos, los premios...
La eficacia, el rendimiento y el éxito son los valores dominantes de nuestra sociedad. Aunque alguna publicidad nos hable del "valor de las ideas", lo que importa en definitiva es casi siempre la "cuenta de resultados".
Lo cual nos lleva a la utilización abusiva de las personas y de las situaciones, al aprovechamiento constante de los unos por los otros -lo que enrarece y neurotiza el clima de convivencia-, a la mercantilización compulsiva de las relaciones y de la vida en su conjunto.
Todo ello va consolidando ese horizonte cuantitativo y pragmatista que nos domina.
Esta exageración unilateral de la cantidad implica una cierta pérdida o degradación de la calidad, porque ambas (cantidad y calidad) son factores no necesariamente excluyentes pero sí correlativos y complementarios.
La obsesión por la primera conduce al vacío de la segunda, y ése es un síntoma alarmante que constatamos todos los días.
Es preciso delimitar con cuidado el concepto de calidad, ampliamente manejado con distintas finalidades y connotaciones, y que por eso conviene discernir bien, dada su relativa ambigüedad. Hoy se pide calidad para todos y para todo, se habla de "calidad de vida", "calidad de la educación", etcétera. Precisamente esta última -y las características que se le atribuyen- nos sirve de cautela para nuestro propósito de discernir la calidad.

Al concepto de calidad educativa se le reviste habitualmente de las notas de elitismo, competitividad, esfuerzo personal, eficacia y pragmatismo, que no son las más adecuadas -a mi juicio- para definir el concepto auténtico de calidad. Y algo parecido podríamos decir en otros terrenos.
La búsqueda de calidad se encuadra en el horizonte de sentido que orienta nuestra vida y las relaciones humanas y sociales.

Un sentido que tiende a la plenitud, a una progresiva maduración, pero que asume las limitaciones y contradicciones vitales que soportamos. Ese horizonte de sentido tiene que ver también con nuestra capacidad de discernimiento, para ser utilizada como instrumento de reflexión y de análisis en las circunstancias más diversas.
Un discernimiento crítico permanente que nos ayuda a caminar con acierto -o al menos con dignidad y con sentido- a lo largo de la vida.
La calidad tiene relación, en alguna medida, con el talento. Existen diversas clases de talento: poético, contemplativo, profético, irónico...
El talento no se corresponde exactamente con la fama o el éxito, aunque pueden coincidir. Ni el talento ni la calidad son necesariamente la "excelencia", ni el refinamiento o el elitismo como concepción y práctica de la vida. La sofisticación y la falta de sencillez no adornan precisamente a la calidad, sino más bien al contrario.

En cambio, sí que tiene mucho que ver la calidad con el trato humano racional, con la acogida cálida entre las personas, con el ejercicio riguroso del pensamiento y del diálogo, con la gratuidad, con la contemplación desinteresada de la belleza en sus distintas formas, con la generosidad y con el trabajo por los demás.
En la cercanía y cordialidad sencilla de la gente popular hay muchas veces más calidad humana que en las grandes exhibiciones o alardes de "humanitarismo", aunque éstos no siempre sean despreciables.

El entusiasmo y el intento de coherencia personal son también, a mi juicio, expresiones de calidad.
El tema de la calidad tiene una importante derivación en la educación en valores, bastante postergada o al menos no suficientemente aprovechada y potenciada en nuestro sistema educativo y en la sociedad en general.
Los valores son aquellas ideas operativas que orientan la vida y le otorgan sentido, las actitudes de fondo que dinamizan a las personas y a los colectivos, que configuran a una sociedad. A la vista del contexto antes descrito a propósito de la cuestión de la calidad, me atrevo a sugerir algunos valores en cuya educación podemos y debemos empeñarnos más -los educadores especialmente, profesores, tutores, padres y también la ciudadanía en su conjunto-, obteniendo sin duda un beneficio social importante para todos.

El mundo de la afectividad, los sentimientos y emociones es un núcleo dinamizador de las personas, con influencia incuestionable en las relaciones grupales y sociales. Por ello es un territorio privilegiado y sensible que requiere una constante atención educativa.
En relación con lo anterior se encuentra la empatía, la capacidad de cercanía en profundidad, el hábito de compartir con los otros y de sentir con ellos, que puede abrirse en dimensiones crecientes mediante el valor de la solidaridad.
La participación y el compromiso por los demás y por la sociedad han de ser, me parece, una referencia y una apelación constante dentro de la educación en valores que enriquecen y dinamizan a las personas combatiendo el arraigado individualismo que nos caracteriza.
El hecho religioso, la dimensión trascendente de la vida pueden y deben ser objeto de educación en su perspectiva estrictamente cultural (aunque con inevitables derivaciones al terreno existencial), ya que su cultivo personalizado debe realizarse en el ámbito de las comunidades y familias que libremente lo viven y lo desean.
Éstos son algunos valores en cuya educación conviene trabajar con paciencia y energía, más allá de las dificultades y del desánimo que éstas provocan, y que pueden ser una cierta garantía de calidad para nuestro enriquecimiento personal -el de todos- y para el dinamismo social.


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